La epigenética de la ovodonación ¿se parecerá a mi?

La epigenética de la ovodonación ¿se parecerá a mi?

1080 768 María Ángeles Requena González

El hecho de que para algunas parejas la única forma que tengan de tener hijos sea a partir de gametos donados (donación de esperma u ovodonación), no siempre resulta sencillo de aceptar. De hecho, la pena, dolor y frustración que supone este tipo de noticias tiene un nombre; duelo genético, que corresponde a una reacción emocional ante una realidad con la que la mayoría de la gente no cuenta: que nuestro hijo o hija no vaya a tener nuestro legado genético.

Cuando hay que recurrir a la ovodonación, asumir que tu bebé no vaya a tener tus ojos, ese gusto tan particular por los sabores amargos, esa sonrisilla de medio lado, tus labios o los rizos de los que tan orgullosa te sientes puede suponer una jarro de agua fría, sin embargo, como aquí estamos para contaros buenas noticias, debéis saber, que por no llevar tu ADN no significa que no vaya a haber nada en lo que verte reflejada al mirar a vuestro retoño. Y es que aquí entra en juego un concepto fundamental, del que no todo el mundo ha oído hablar: la epigenética.

¿Es el ADN el único responsable de que nos parezcamos a nuestros padres?

Desde siempre nos han contado que el responsable de que los hijos nos parezcamos a nuestros padres es únicamente el ADN, una secuencia de datos que se encuentran en el núcleo de los óvulos y los espermatozoides. Sin embargo, los recientes estudios sobre la epigenética vienen a afirmar que en esto de parecernos a nuestros padres, influyen más aspectos que la “simple” secuencia del ADN. La epigenética se define como el estudio de los cambios heredables en la función genética que se producen sin un cambio en la secuencia del ADN; o para que lo entendamos mejor y en palabras de la genetista inglesa Denise Barlow “la epigenética siempre ha sido todas las cosas extrañas y maravillosas que no pueden ser explicadas por la genética”. Imaginemos el ADN como una cinta que almacena información; no hay manera de sacar provecho de esa información sin un aparato de reproducción. La epigenética se interesa por ese reproductor de cintas.

En los nacimientos por ovodonación los parecidos entre hijos y padres son más frecuentes de lo que podría parecer ya que, por un lado, las clínicas seleccionan el mejor fenotipo posible para, precisamente, asignar a la receptora una donante con características físicas similares. Por otro lado, no hay que olvidarnos de que el entorno en el que crece el niño ayuda a que este adopte comportamientos, gestos, maneras de sonreír, andar o coger las cosas muy parecidos a sus familiares más cercanos, y finalmente, la epigenética juega un papel fundamental a la hora de modificar la expresión de los genes.

Si bien muchas de las características de las personas están escritas en su ADN, se sabe que la experiencia diaria también importa. Fuera de la secuencia del ADN existe otro código que se escribe con marcadores químicos y que también ejerce un efecto muy importante sobre la salud y el aspecto de los organismo. Si bien la carga genética que se transmite es la de la donante, el intercambio de moléculas de la madre gestante y el ADN del embrión puede potenciar ciertas características genéticas. Este intercambio de moléculas se realiza a nivel uterino y consiste en una serie de señales bioquímicas que pueden modificar la activación e inhibición de determinados genes del embrión. No obstante, cabe destacar que estas modificaciones son reversibles, ya que no causan ningún cambio en la secuencia del ADN: solamente afectan a la expresión de los genes.

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La alimentación, la contaminación o el estrés también afectan al funcionamiento de los genes, algo que pone en relevancia la importancia que el ambiente tiene en el desarrollo. Asimismo, también se sabe que existen determinadas enfermedades cuyo origen es epigenético.

Resumiendo, como ya sabemos, la madre tiene un papel clave más allá de los genes, ya que, el ambiente intrauterino es fundamental para el buen desarrollo del embrión. Pero es que además, las moléculas secretadas por esta pueden influir en la apariencia del bebé tanto física como psíquicamente. Por lo tanto, las mujeres que tienen hijos gracias a la ovodonación moldean el ADN embrionario lo que se traduce en la imprimación de una huella muy significativa de una parte de sí misma en cómo será su futuro hijo. Así que si, tranquila, si tienes que recurrir a la ovodonación, también podrás ver reflejado muchísimo de ti en tu hijo o hija.