Pruebas de embarazo caseras, ¿me puedo fiar?

Pruebas de embarazo caseras, ¿me puedo fiar?

1920 1920 María Blanco Brotons

Hace años, cuando los sencillos test de embarazo de las dos rayitas no existían, o no estaban tan fácilmente a disposición de todas las mujeres, aquellas que se creían en estado y no podían esperar meses a comprobar por sí mismas que efectivamente estaban esperando un bebé, bien por su curiosidad, bien por su particular situación personal, se servían de trucos pseudomísticos y caseros que supuestamente eran capaces de predecir si en en el vientre de la susodicha crecía una criatura. Algunos, incluso, se aventuraban a predecir cuál sería su sexo. Hoy en día, esas pruebas de embarazo caseras están muy en desuso, ya que no se guían por ninguna explicación científica y por lo tanto, su fiabilidad deja mucho que desear.

Inverosímiles, curiosas, locas y simpáticas, los recursos de nuestras antepasadas para saber si estaban embarazadas echaban mano de imaginación y de todas aquellas cosas que tenían por casa: aceite, cebollas, vinagre, pasta de dientes e incluso ranas. La mayoría de estas pruebas son inofensivas para la salud, pero poco o nada fiables.

Las técnicas más populares

De todas las pruebas de embarazo caseras, la más popular y probablemente más antigua es la llamada: prueba del aceite. Resulta bastante económica -ya que no se ha especificado que el aceite deba ser virgen extra- y sencilla; debemos depositar el primer orín de la mañana en un bote, vaso o recipiente que esté limpio y seco, y dejarlo enfriar durante, aproximadamente, una hora. Cuando la muestra esté fría, con un gotero, o una cuchara, echamos un par de gotas en cada extremo del recipiente, es importante que echemos las gotas lo más separadas posible. Pasados tres minutos, si las gotas se han unido, ¡enhorabuena, estás embarazada!, si en cambio, siguen cada una por su lado… ¡mala suerte!, no hay embarazo. O al menos, eso cuentan.

Si los aliños para ensalada no escasean por tu casa, tampoco te resultará complicado hacer la prueba del vinagre, cuyo funcionamiento es igual que la del aceite. Orinamos en un vaso o recipiente limpio y seco, y añadimos unas gotas o cucharadita de vinagre sin remover. En este caso, no hace falta esperar a que la orina se enfríe, pero sí a que el vinagre haga reacción, algo que lleva unos 20 minutos. Si, pasado ese tiempo la orina ha cambiado de color y se ha depositado espuma por los lados, supuestamente habría embarazo; si todo sigue igual, no lo hay. Otra prueba curiosa anima a verter el primer pis de la mañana sobre pasta de dientes blanca -sólo sirve si es de las blancas-. Si la pasta cambia de color, descubriremos un supuesto signo de presencia de la hormona hCG en nuestro cuerpo, si sigue igual, el dentífrico nos confirmará la no existencia de embarazo.

El de la rana nos resulta la más bizarra de todas las pruebas de embarazo caseras, y sin embargo, de las pocas que sí tienen fundamentos científicos. Muy popular hasta los no tan lejanos años 60, para este test te tenías que hacer con una rana hembra viva e inyectarle, bajo la piel, un poco de tu pis. Si la orina de la mujer contenía la hormona hCG, señal inequívoca de embarazo, la rana, 24 horas después desovaba a consecuencia de esa hormona. Si no pasaba nada, simplemente habríamos inyectado pis a una rana, que continuaría su vida como si nada. Si, por alguna razón, a nuestro alrededor no encontramos ranas hembras, pero si abundan los sapos machos, se puede resolver realizando el mismo procedimiento, pero en este caso, debemos inyectar la muestra en el saco linfático dorsal del animal. Si esta lleva hCG, pasadas tres horas, el sapo eyacula. Hay quien afirma que esta prueba es “rápida y sencilla”, y que en ciertas poblaciones rurales de Sudamérica se sigue utilizando debido a lo económico y simple que resulta… algo que pone en relieve que lo que para unos es fácil, para otros puede resultar complicadísimo.

Otra de las pruebas de embarazo caseras más populares, asegura que simplemente observando el primer orín de la mañana, previamente depositado en un recipiente limpio y enfriado en la nevera durante 20 minutos, podemos descubrir si estamos embarazadas. Si aparece una leve capa de partículas opacas en la superficie de la muestra, el resultado es “positivo”, si la capa se va al fondo, es negativo.

Los griegos y las pruebas de embarazo caseras

Si nos remontamos a la antigüedad, los test que se servían de semillas, dientes de león o cebolla estaban a la orden del día; para los egipcios si una semilla de trigo o cebada germinaba en un recipiente con orín de embarazada, evidenciaba un embarazo; es más, si germinaba el trigo predecían el nacimiento de una niña, y si lo hacía la cebada, el de un niño. Los griegos, basándose en la teoría de Hipócrates, introducían una cebolla en la vagina de la posible embarazada y si a la mañana siguiente su aliento olía a cebolla, no había duda posible, no estaba embarazada. Ya que, según el famoso médico, con el embarazo, el vientre de las mujeres se cerraba…

Afortunadamente, los test de orina que se venden en las farmacias son fáciles, accesibles y fiables. No pasa nada por jugar a “las meigas” con nuestro pis y los aliños que hay por casa; sin embargo, si lo que queremos es estar seguras de si estamos embarazadas, nada como esperar cinco días, desde la fecha en la que nos debería venir la regla, y pedir un dispositivo en la farmacia que identifique eficazmente al hormona hCG.