Bulos y leyendas sobre el sexo del bebé

Bulos y leyendas sobre el sexo del bebé

2560 1707 María Blanco Brotons

Si hay algo que despierta mucho interés cuando estamos embarazadas es conocer el sexo que tendrá nuestro bebé. Aunque todavía hay quién decide no saberlo hasta el nacimiento, la mayoría de las personas deseamos ansiosas que llegue el momento en el que la ecografía permite distinguir si es niña o niño. Antes de que existiese esta tecnología corrían mil y un bulos, dichos y leyendas que, basándose en la magia y en la pseudociencia, afirmaban poder averiguar el sexo que tenía el bebé. Al fin y al cabo, al existir un 50% de probabilidades de acertar, muchas veces daba en el clavo, pasando por fiables métodos predictivos de lo más imaginativos.

Son muchos los cuentos de viejas en torno al sexo del bebé que han pasado generación tras generación y a los que, todavía hoy, se les da algo de credibilidad. Entre los más instaurados, destacan:

-La forma de la barriga.

Hay quien asegura que solo observando la forma de la barriga se puede saber si esperamos un niño o una niña, así, cuando esta crece más bien a lo ancho, está cobijando a un varón, pero cuando es puntiaguda y longitudinal, es una hembra. Lo cierto es que la forma de la barriga depende de la constitución de cada madre y de la posición de cada feto, y no del sexo del bebé. Si bien los bebés varones tienden a ser un poco más grandes que las niñas, esto sólo afectaría al tamaño de la barriga, no a su forma.

-El truco del anillo y la cadena

Este es uno de los mitos más ancestrales, mágicos y divertidos. Para realizarlo correctamente, la tradición manda hacer oscilar una alianza sujeta a una cadena frente al vientre de la futura madre. Si el anillo se mueve en círculos significa que esperamos una niña, pero si lo hace en línea recta, esperamos un niño. Si no estás casada y no tienes alianza puedes hacerlo con una aguja enhebrada con hilo, que es capaz de dar la misma información. Si en tu caso acertó, ya sabes, hay un 50% de posibilidades de dar en el clavo.

Sólo con mirarte a la cara.

Otra creencia popular, esta un poco más faltona, asegura que si estás más fea, tienes más granos y la piel más estropeada, es que esperas una niña, mientras que los niños nos dejan guapas y radiantes. Patriarcado a parte, la justificación de chufla en la que se basa este mito es que las niñas generan más carga hormonal, lo que hace que tengas granos y estés menos favorecida. Vamos, una tontería.

La línea negra de la barriga.

La llamada línea negra es una hiperpigmentación de la piel en forma de línea que experimentan la mayoría de las madres embarazadas, especialmente cuando se tiene la piel oscura, y que va desde el hueso púbico hasta debajo o arriba del ombligo. Según la creencia popular, si la línea se extiende por encima del ombligo esperamos a un niño, si se queda por debajo, a un niña. Se cree que se produce por una cuestión hormonal e incluso se especula con que su propósito evolutivo era ayudar a guiar al recién nacido hacia el pezón. ¿Tiene algo que ver con el sexo del bebé? Nada de nada.

Náuseas matutinas.

La historia ya nos ha dejado claro que antiguamente era preferible tener un hijo a una hija. Si atendemos a los mitos sobre el sexo del bebé, parece que todo lo desagradable era síntoma de que una niñita estaba en camino. Así, además de más feas, esperar una niña nos hace sentir peor, con más náuseas matutinas, eso dice el bulo, yo no. A pesar, existen estudios estadísticos que dan la razón a esta leyenda urbana, lo cierto es que, hoy por hoy, no se sabe qué causa las náuseas matutinas, por lo que echar la culpa a las niñas resulta un poco osado. Y aunque haya un mayor número de madres que esperan niñas que hayan afirmado tener más náuseas, de ninguna manera se puede considerar un método fiable para conocer el sexo del bebé.

Postura sexual.

Existe un bulo que afirma que si adoptamos una postura sexual determinada podría favorecer el nacimiento de un bebé niño o una niña. Esta teoría, durante tiempo, gozó de credibilidad, porque quien la formuló era un médico y se basaba en supuestos principios científicos. Según esta teoría, los espermatozoides con cromosoma X -los que darán lugar a una niña- son más lentos y resistentes al ambiente vaginal, mientras que los Y -los que dan lugar a un niño- son rápidos pero menos resistentes al ambiente vaginal. Partiendo de esta idea, si adoptamos una postura sexual en la que se facilita una penetración profunda, favorecemos a los espermatozoides. Ya que no les hacemos estar tanto tiempo en el ambiente vaginal sin embargo, una postura en la que no se facilita tanto este tipo de penetración, como por ejemplo, sentados cara a cara, ayudamos a los X, ya que los espermatozoides necesitan avanzar un camino más largo, favoreciendo así a los lentos pero resistentes X. Esta teoría, ha sido ampliamente refutada por los especialistas.

Tabla china y maya

Toda cultura milenaria tiene su manera de predecir el sexo de sus bebés. La tabla china proviene de una antigua leyenda que asegura que fue enterrada en la tumba real de la dinastía Ching hace más de 700 años. Este calendario consta de una fila, en la que están los meses del año, y una columna con edades entre 18 y 45 años. Cada edad tiene asignado el símbolo niño o niña, al coincidir con un mes. Sólo tienes que buscar tu edad y mes en el que concebiste, y ver si ha acertado. La tabla maya, por su parte, es igual en funcionamiento que la china, solo hay que mirar la edad en el momento de concebir y el mes en el que debería producirse el embarazo, sin embargo, los resultados son distintos a los de la China. La tabla maya parece provenir de los datos estadísticos que obtenían de estudios que ellos mismos realizaban.

Teniendo en cuenta que nada de esto es científico y como mucho, se basan en datos estadísticos para hacer sus predicciones, puede ser un pasatiempo divertido e inocuo jugar a ver si alguno de estos mitos ha acertado. Eso sí, la confirmación oficial nos la dará el ginecólogo, o la observación del propio bebé cuando lo tengáis en brazos.

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