Alimentación emocional, cuando el hambre viene del corazón

Alimentación emocional, cuando el hambre viene del corazón

1080 714 María Blanco Brotons

Exceptuando a los humanos bebés, los demás ingerimos alimentos no sólo cuando nos acucia la necesidad fisiológica. Hay muchas razones que nos impulsan a comer más allá del hambre como las costumbres, el aburrimiento o emociones como la culpa, la pena o los nervios. Aprender a identificar cuando comemos por algo más que hambre es importante para proteger nuestra dieta y nuestra salud, ya que detrás de esta forma de comer se esconden muchos de los problemas alimentarios de hoy en día.

La alimentación emocional es aquella que ocurre debido a estímulos emocionales. No cabe duda de que entre emociones y alimentación existe un estrecho vínculo; comemos cuando nos sentimos tristes, deprimidos, cansados, enfadados, aburridos, culpables. Comemos para celebrar cosas y comemos por costumbre. Pero ¡ojo! la alimentación emocional puede favorecer un aporte energético más allá de lo que nuestro cuerpo necesita y esto a largo plazo, puede traducirse en sobrepeso u obesidad. Si comiéramos sólo para cubrir las necesidades de “combustible” que nuestro cuerpo necesita, no existiría el problema del sobrepeso.

Asimismo, la comida también ofrece sensaciones placenteras, por lo que tendemos a buscarlas cuando nos sentimos mal. Sin embargo, es importante tener claro que ese bienestar que algunos productos ofrecen al ser consumidos es temporal, y no sirve para resolver realmente esas emociones. Cuando comemos guiados por las emociones no solucionamos los estímulos que provocan la búsqueda de comida, y debido a que no se ajustan al hambre real o a las verdaderas necesidades de obtener energía y nutrientes, puede terminar en excesos.

 

Alimentación emocional

Si quieres reducir tu alimentación emocional lo primero que debes es aprender a identificarla. Para ello debes reconocer cómo te sientes y saber detectar la emoción que nos impulsa a comer. Observa bien que te ocurre justo cuando sientes la necesidad de comer algo fuera de las horas habituales de comida y pregúntate si esa ingesta ha conseguido cambiar tu estado de ánimo.

Una vez tengas claro que estas buscando comida debido a diferentes estímulos emocionales puedes intentar buscar alternativas a la alimentación emocional: si estás deprimida o sola, llama a alguien que te haga sentir mejor, juega con tus mascotas, sal a pasear; si estás ansiosa, conduce tu energía hacia otra cosa, baila, estruja una bola anti estrés, sal a correr; si estás cansada, tómate una taza de té, date un baño, escucha música; si estás aburrida, lee un buen libro, mira una película o una serie, explora al aire libre, realiza una actividad que te guste, como tocar la guitarra, hacer punto o colorear mandalas… Es muy importante que busques diferentes vías para lidiar con todas esas emociones que te llevan a la cocina.

Además de estas conductas de reemplazo que podemos llevar a cabo cuando nos sentimos mal emocionalmente, siempre es bueno tener en casa alimentos de buena calidad para calmar estas emociones. Si vamos a comer, mejor una fruta o un puñado de frutos secos que alimentos hipercalóricos que no nos aportan nada más que grasas y azúcares. Si vas a comer come, pero come bien. Esto nos lleva a otro punto importante para controlar la alimentación emocional: la alimentación consciente.

Si aplicamos los principios de la alimentación consciente seremos capaces de desarrollar mejores hábitos alimenticios. Entre esos principios destacan: comer despacio, sin distracciones, involucrando a todos nuestros sentidos… cuando le prestamos atención a lo que comemos también seremos capaces de identificar cómo nos sentimos al hacerlo, por lo que sabremos cuándo estamos comiendo para satisfacer un hambre emocional o física.

La alimentación emocional es normal que esté muy presente en nuestra vida, pero no debe ser la que predomine en nuestro día a día, ni mucho menos la que controle nuestros hábitos alimenticios. Por ello es importante aprender a manejar las emociones de manera que no involucre alimentos, pues de lo contrario, no sólo podemos agravar nuestro estado de ánimo y emociones, sino además, perjudicar nuestra salud.

Fuentes:

https://www.directoalpaladar.com/salud/alimentacion-emocional-que-es-y-por-que-deberiamos-controlar-su-presencia
https://www.cuerpomente.com/alimentacion/nutricion/hambre-emocional_2177
https://www.elpradopsicologos.es/blog/alimentacion-hambre-emocional/
https://lamenteesmaravillosa.com/la-alimentacion-emocional/

1 comentario
  • Grulla psicología y nutrición 26 marzo, 2020 at 1:46

    Completamente de acuerdo en todo, una alimentanción consciente no conlleva obsesesionarnos con lo que comemos, si no que saber que estamos comiendo realmente y elegir hacerlo así, incluso en las ocasiones en que sabemos que no es un producto recomendado.

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