Depilación íntima, ¿cuestión de higiene o estética impuesta?

Depilación íntima, ¿cuestión de higiene o estética impuesta?

1280 853 Mafe Noboa

 

La depilación no es cosa nueva. Todos hemos escuchado historias sobre las elaboradas técnicas de las que hacían uso las egipcias, o durante el Imperio Romano, en el que la depilación era un símbolo de estatus. Sin embargo, lo de dejar la zona íntima libre de pelos, es una moda bastante actual, muy extendida y vinculada a un canon de belleza que disfraza de higiénico algo que obedece más a una imposición social y que, paradógicamente, puede traer más problemas higiénicos que si los dejamos alegremente crecer.

Es curioso que cuando se esgrimen las razones por las que nos depilamos, entre palabras como comodidad o belleza, también es común escuchar la palabra “higiene”. Sin embargo, nada tiene que ver con la higiene no dejar crecer el vello del que la naturaleza humildemente nos ha provisto. Es más, no sólo no existe ninguna base científica que apoye la depilación femenina por motivos más allá de los estéticos, sin embargo, si son muchos los médicos que han puesto la voz de alarma, ante la muy extendida moda de eliminar el pelo del pubis.

El pelo es una barrera protectora natural, y está donde está para cumplir una función. Son muchos los dermatólogos que están viendo como en los últimos años están apareciendo enfermedades de transmisión sexual en la zona púbica que no se habían visto antes y que pueden tener relación con la moda de la depilación integral. La principal causa parece encontrarse en la depilación con cuchilla, que aunque resulta rápida y eficaz, también deja secuelas: picor a los pocos días y pelos salientes punzantes, que con la fricción provocan pequeñas heridas que aumentan el riesgo de contraer una enfermedad de transmisión sexual. Esto no sucede si la piel está sin depilar, intacta, y con una barrera protectora, función que ejerce el vello púbico. Otros posibles riesgos que entraña esta práctica son cortes, heridas, pelos encarnados, la foliculitis (inflamación de los folículos pilosos), pustulosis (inflamación de la pústula), condilomas (infección de los genitales), herpes, chancro sifilítico… Con esto no queremos decir que tener la zona genital poblada nos libre de contraer herpes, sífilis o clamidia, pero sí supone una primera línea de defensa en estos casos, tal y como recuerda la Sociedad Española de Virología (SEV).

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La depilación integral no es más que un nuevo mandato social. Una idea con la que nos han ido machacando y del que la industria estética se ha visto muy favorecida. Las mujeres estamos tristemente acostumbradas a que se nos ponga en cuestión por nuestro cuerpo y por nuestra naturaleza, debemos luchar contra ella si queremos formar parte del canon establecido como saludable que, en la mayoría de los casos, además, nos lanzan ideas contradictorias. Una compleja maquinaria que alimenta día a día la aversión al cuerpo no normativo de las mujeres.

Si pese a todo queremos optar libremente por la depilación integral, de todas las opciones que ofrece actualmente el mercado el láser es la menos perjudicial y la más recomendada por los dermatólogos. En el polo opuesto están la cera y la cuchilla; la primera puede provocar que los folículos pilosos se queden clavados y que surjan granos en la zona donde se ha arrancado el vello, por no hablar del riesgo de padecer quemaduras, si esta está caliente. Y la cuchilla, aunque se elija por su facilidad y rapidez, tiene serios inconvenientes como los posibles cortes en las zonas de los pliegues o las heridas que puede provocar en la pareja por el roce de cuerpos.

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