Pescado salvaje o de piscifactoría; ¿existen grandes diferencias nutricionales?

Pescado salvaje o de piscifactoría; ¿existen grandes diferencias nutricionales?

1080 768 Marian Requena González

Sin duda el pescado es un alimento muy saludable, tanto es así, que los médicos recomiendan incluirlo en nuestra dieta al menos tres veces por semana. Sin embargo, no hay suficientes peces y moluscos salvajes como para satisfacer la demanda actual de pescado, por lo que, la industria de la acuicultura se vuelve imprescindible para cubrir esta demanda sin poner en peligro el futuro a largo plazo de la población de peces salvajes.

Pescado salvaje o de piscifactoría

Dejando a un lado las críticas que despierta en asociaciones ecologistas como Greenpeace o WWF, debido al impacto que suponen las piscifactorías en el fondo y hábitat marino y la necesidad de hacer esta industria sostenible y responsable, lo cierto es que, sólo los paladares más exigentes encuentran diferencias entre los peces criados en piscifactorías -mas grasientos y menos sabrosos- y los salvajes.

Los peces de piscifactoría aseguran una gran oferta de todo tipo de pescado durante todo el año. La diferencia nutritiva entre un pez salvaje y uno de piscifactoría recae en la vida que ha tenido ese pez; así, los peces salvajes están obligados a buscarse su propio alimento, y para ello necesitan nadar más mientras que los criados en piscifactorías no necesitan hacer esfuerzos por conseguir su comida, ya que se les alimenta con piensos artificiales. Por ello, los salvajes son peces más magros mientras que los de piscifactoría tienen más grasa.

Según un informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, según sus siglas en inglés) existen pocas diferencias sustanciales entre el pescado de piscifactoría y el de extracción o salvaje, en lo referente a los contaminantes o al contenido nutricional del pez. Los factores que si son determinantes en este sentido es la época del año, la procedencia, la dieta o la edad de los peces; es decir, dos ejemplares de una misma especie y una misma zona pueden variar su contenido nutricional sólo en función de la estación del año, mucho más que si procede de piscifactoría o no; la caballa, por ejemplo, en primavera no tiene prácticamente grasa, al contrario que durante el resto del año. También se sabe que los animales más grandes y maduros han tenido más tiempo para acumular contaminantes, así como los procedentes de la zona del Báltico, donde por razones que todavía no están del todo claras, se ha detectado una muy elevada concentración de contaminantes.

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Si existe una diferencia nutricional entre el pescado de piscifactoría y el de extracción, y es que los primeros tienen en su grasa menos proporción de ácidos grasos Omega 3, sin embargo, esta deficiencia es compensada porque también tienen más grasa, y al final, en una ración de pescado, la cantidad de ácidos grasos omega 3 es equivalente.

Cuando consumimos un pescado es fundamental que en la etiqueta se especifique el lugar de origen o la zona de extracción, ya que eso si puede ayudarnos a determinar los contaminantes que puede acarrear. Asimismo, la legislación europea establece unas normas muy rigurosas como los niveles máximos de contaminantes para garantizar que los alimentos que consumimos sean seguros y estos niveles son los mismos tanto para peces de piscifactoría como de extracción.

Si bien una mujer embarazada debe incluir en su dieta dos o tres raciones de diferentes tipos de pescados a la semana, hay algunas especies que debe evitar, dadas sus altas concentraciones de mercurio, independientemente de si procede de acuicultura o de extracción, como la caballa real, el pez espada, el tiburón o el atún.

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